El día que dura años

El día que dura años

Cada 2 de enero, la nostalgia me embarga. No solo por ser mi cumpleaños –que siempre ha despertado en mí sentimientos encontrados-, sino también por el comienzo de un nuevo año, de un nuevo ciclo que exige hacer un recuento de lo logrado hasta ahora y de los planes a futuro. Entre los mensajes y llamadas de felicitación de mi reciente vuelta al sol, recibí una de mi amiga Gabriela. Me dijo: “Laura, anoche soñé contigo. Estábamos en un circo: tú entre los trapecistas y yo en medio del público; cuando llegó el momento de tu acto, te llamaron para que saltaras del trampolín, pero tú permanecías inmóvil. De pronto, diste un paso al frente y te lanzaste al vacío… luego me desperté”.

El sueño de mi amiga Gabriela me hizo recordar una entrevista del 2009, en mis días como moderadora de TV, cuando tuve la oportunidad de entrevistar al mago y director del CIRCO TIHANY ESPECTACULAR, Richard Massone. Maracaibo disfrutó su función y yo recibí una valiosa lección de alguien que sabe mucho del show de la vida.

Más allá de las preguntas alusivas al espectáculo, le hice una a Massone cuya respuesta (aunque lo hiciera con otra pregunta) sigue haciéndome reflexionar. Tanto, como cada día de mi cumpleaños. Le dije: “¿No se cansa Ud. de la vida en un circo, viajando de un lugar a otro sin parar, dando la misma función una y otra vez? Entonces me replicó: “¿Y Ud., no se cansa de estar siempre en el mismo lugar, haciendo lo mismo todos los días y rodeada de las mismas personas?”

Cuestión de puntos de vista, sin duda, pero aún así dije “Touché”, para mis adentros. Aquellas palabras hicieron que, en segundos, pasara por mi mente la película de mi vida, bajo la mirada profunda y benévola de mi entrevistado.

Massone tenía razón. Buena parte de mi historia había sido filmada “en el mismo lugar y con la misma gente”, como dice la canción. Entonces pensé que millones de personas somos como un hámster de laboratorio que se entretiene corriendo dentro de la rueda dispuesta en su jaula, alcanzando, en algunos casos, el equivalente a 9 kilómetros en tan solo una noche. Los roedores, igual que los humanos, tienen una gran necesidad de actividad y esa rueda, además de mantenerlos en forma, la provee de forma muy conveniente al hacer que el hámster se sienta libre porque puede correr hasta el cansancio, aunque en realidad jamás salga de su jaula.

A diferencia del animal, los seres humanos vivimos bajo el yugo de la conciencia. Esta nos revela, desde que nacemos, que estamos encerrados en la jaula de la existencia. Durante los años que nos toque vivir, nuestro único entretenimiento consiste en hacer girar, una y otra vez, la Rueda de la Fortuna de nuestro día a día, repleto de buenos y malos momentos. Somos esclavos de la rutina desde que nos levantamos hasta que nos acostamos,  al punto que, si lo pensamos detenidamente, no hacemos más que repetir el mismo día durante muchos años. A propósito de esto, una vez leí la historia de un oso en cautiverio (algo que me desgarró el corazón, porque soy defensora y amante de los animales) cuyo único hábitat conocido era la jaula circular que lo rodeaba. Tanto se había acostumbrado a dar vueltas alrededor de esta que, un día, la levantaron pero el animal, en vez de escapar, siguió dando vueltas como si la jaula estuviera allí.  

El oso y el hamster tienen algo en común: No se rebelan porque no pueden extrañar lo que nunca han conocido. Si llevamos estos ejemplos al “Gran Teatro del Mundo” -magistral definición de la vida humana según Calderón de la Barca, en el siglo XVI-, vivimos regidos por una intransigente directora llamada “Sociedad” que nos colma de numerosas reglas para “encajar” y ser premiados o castigados en función de nuestra obediencia.

Tal es nuestra jaula, pero preferimos llamarla “vida propia” porque es más fácil vivir con los ojos cerrados. Nuestro día que dura años, suele comenzar a las 5:00 AM  con el despertador que nos lanza a la carrera de  vestirnos, preparar el desayuno, llevar al colegio a los niños; procurar llegar a tiempo al trabajo, almorzar rápidamente para retomar la faena; ir al gimnasio después de las 5:00 PM (si aún tenemos fuerzas), regresar a casa, cenar, tener sexo (con suerte), dormir y, a la mañana siguiente,  empezar de nuevo la misma historia.

Aclaro que la razón de ser de estas líneas no debe entenderse como una crítica hacia quienes viven absortos en su mismo día durante muchos años. Sé por experiencia que mucha gente vive feliz así y no soy quien para perturbar su rutina. Sin embargo, sí me dirijo a quienes  ya se dieron cuenta de que sólo han estado haciendo girar la rueda de su jaula y –como hiciera Massone conmigo- despertaron del sueño de quien cree haber llegado muy lejos cuando, en realidad, sigue en el mismo sitio.  A esos intrépidos lectores, llamados a cambiar el mundo, les digo: El momento más feliz de tu vida ocurre cuando reúnes el valor para ser tú mismo. Gánate el respeto de los demás sacudiéndote el yugo del qué dirán; deja que otros se detengan, preocupados, a juzgarte mientras tú te ocupas de vivir realmente, avanzando hacia la única meta que importa: Interpretar tu papel en el Gran Teatro del Mundo, antes que baje el telón.

About Laura Salazar

Lcda. en Comunicación Social, Mención Audiovisual. Locutora. Voz Marca. Especialista en producción y animación de programas de radio y televisión, acreditada por INTERWORLD. Ex corresponsal Zulia de RCTV. GLOBOVISIÓN, TELEVEN y UNIÓN RADIO. Conductora del programa “Laura Salazar en Éxitos” de lun a vie, de 3:00 PM a 4:00 PM, por Éxitos 89.7 FM.

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