El Poder que tiene el Silencio
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El Poder que tiene el Silencio

En una ocasión, asistí a un seminario con el Lama Norbu. Fue la primera vez que tuve contacto con un monje budista y su filosofía de vida, me impactó. Como típica occidental, asistí buscando la iluminación: una fórmula rápida y sin dolor para ser feliz.

Mi primera sorpresa de aquel curioso encuentro tuvo lugar cuando el Lama Norbu asignó al grupo una “sencilla” tarea: pasar la mañana de aquel día sin hablar entre nosotros, atentos únicamente a sus palabras. No le movía la vanidad al pedirlo: el ejercicio buscaba  “disminuir el pesado tráfico de pensamientos que va de una mente a otra a cada instante”. “Así allanas el camino para el encuentro contigo mismo”, afirmó el Lama Norbu.

A decir verdad, casi nadie pudo guardar silencio, ni siquiera por media hora: bastó que lo prohibiera para empezar a murmurar entre nosotros “a espaldas del monje”. Obviamente, él sí se dio cuenta y nos dijo que lo había pedido a propósito, para hacernos tomar conciencia de lo difícil que es dominar EL PODER DEL SILENCIO. A nosotros, los occidentales, nos cuesta asimilarlo porque percibimos el callar como un defecto y no como una virtud: una sensación de debilidad, aislamiento e incluso vergüenza.

Sin embargo, ¿cuántas veces no hemos escuchado frase: “Si lo que vas a decir no es más valioso que el silencio, mejor no lo digas”? ¿Cuántas  veces nos hemos arrepentido de  “soltar la sopa” y pensar: “¡Yo y mi bocota… Ahora, ¿qué hago?!”. Lamentablemente, no se puede recoger la leche derramada. Pero lo curioso del caso es que, aún cuando hayamos tenido problemas en el pasado por hablar de más, seguimos cayendo en la tentación. ¿Por qué nos cuesta tanto detenernos a reflexionar acerca de nuestra propia vida en vez de estar siempre pendientes de la ajena? Quizá se deba a que escuchar el susurro de la propia conciencia puede aturdirnos más que el bullicio.

Ante esta perspectiva, es comprensible preferir auto evadirnos. Es mejor hablar con otras personas cuando buscamos respuestas para nuestra propia vida porque suelen decirnos lo que queremos escuchar y no lo que necesitamos saber. Cuando tenemos un problema, apelamos al conocimiento de nuestros padres, amigos o pareja, olvidando que la Verdad que nos hace libres aguarda en el santuario del SILENCIO INTERIOR: allí está la clave para el Despertar de la Conciencia y el ascenso del “YO SUPERIOR”.

Muchos se preguntarán, qué pasa con las personas que padecen depresión o un problema muy grave; si no lo exteriorizan comentandolo con alguien más, ¿acaso no tomarían una decisión fatal,  de la que luego se arrepentirán? Ciertamente, así como el día y la noche, la Conciencia tiene dos voces; incluso caras, en el plano religioso.

Solemos llamarlas “Bien y Mal”, “Dios y Lucifer”, “Ángel y Demonio”; dependiendo de cuál escuchemos, tomaremos decisiones con consecuencias totalmente distintas. Hay que advertir que ambas resultan muy convincentes y por eso no es tan fácil distinguirlas; sin embargo, podemos aproximarnos un poco. Digamos que, en el plano mental, una voz interior se llama Sabiduría Eterna: todo lo ve en su justa dimensión y con la paciencia todo lo alcanza.

La otra es la Lógica Terrenal, y su falta de percepción, limitada al aquí y ahora, nos induce a mentir con la verdad y a hacer daño con el bien. Pero, para quienes son más Corazón que Razón, aquí hay otra clave para distinguirlas: si los pensamientos que vienen a nuestra mente (y hablamos de unos 600.000 al día, en promedio)  nos inspiran paz, comprensión y amor, son luminosos. Pero, si nos llenan de zozobra incitándonos al miedo o al odio, esos pensamientos oscuros no son acordes al propósito de nuestra existencia.

Para que prevalezca en nosotros la voz correcta, conviene hacer dieta de palabras. Es más económica que si fuera de comida y más sana para la mente. Todo comienzo es duro, pero se avanza con la práctica: para aquietar nuestros pensamientos y hallar nuestras propias respuestas, comencemos guardando entre 15 y 20 minutos de silencio al día, período que podemos ir incrementando hasta donde lo permita nuestra fuerza de voluntad y “rutina de occidentales”.

Nunca olvidemos que el lenguaje de la Sabiduría es el silencio: no por ser muda o débil sino porque tiene la última palabra. Solo así aprenderemos a ser menos esclavos de lo que decimos y más dueños de lo que callamos.

About Laura Salazar

Lcda. en Comunicación Social, Mención Audiovisual. Locutora. Voz Marca. Especialista en producción y animación de programas de radio y televisión, acreditada por INTERWORLD. Ex corresponsal Zulia de RCTV. GLOBOVISIÓN, TELEVEN y UNIÓN RADIO. Conductora del programa “Laura Salazar en Éxitos” de lun a vie, de 3:00 PM a 4:00 PM, por Éxitos 89.7 FM.

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